martes, 23 de febrero de 2010


"Porque todo el mundo quiere tener un amigo, pero muy pocos se toman la molestia de serlo..."
-José Ángel Buesa-

domingo, 21 de febrero de 2010

Don Pep


"Si perdéis, seguiréis siendo el mejor equipo del mundo; si ganáis, seréis eternos"
Estas es la frase que le dijo Guardiola a su equipo antes de saltar al campo para jugar la final del Mundial de Clubes. La eternidad es el eco de lo insólito, por eso para perdurar no basta el triunfo ansiado, sino el récord desconocido. La consagración no consiste en lograr el objetivo, sino en rebasarlo.
Guardiola primero ganó la Copa del Rey, pero la eternidad no está en el metal de los trofeos.
Luego conquistó la Liga, un meritorio premio a la regularidad, pero la posteridad no habita en el día a día.
La Champions cerró un triplete grandioso, pero la perfección no es un número impar.
Supercopa de Europa y de España ratificaron al Barcelona como el mejor club del continente, pero la eternidad es esférica como un planeta.
Guardiola había vivido enormes alegrías, pero aún había algo de tensión dentro de él, una ansiedad, un anhelo que le impedía descansar. Cuando el árbitro pitó el final, Guardiola lloró, entendió que, ahora sí, todo había acabado. Había terminado la lucha, el nervio, la aspiración siempre inconclusa, el día siguiente.
Se cerraba la temporada y se abría una leyenda. Después de dar tantos abrazos a lo largo del año, tantos ánimos y felicitaciones, ahora era él quien necesitaba consuelo, el consuelo de la alegría, el analgésico más dulce.
Pep se borraba las lágrimas por una proeza imborrable, y en el espejo de la palma de sus manos seguro que, por fin, vio la eternidad.